La Paz y la Guerra
Los muchachos se conocieron por primera vez en un jardín. Se miraron, reconocieron y quisieron a primera vista. Tomaron sus manitas, jugaron, rieron. Jamás pensaron en el futuro, pues desconocían el presente. Cuando fueron separados, no imaginaron que volverían a verse años más tarde sin reconocerse. Aún en aquellos tiempos lejanos, ambos conservaban la calidez de sus manitos unidas y la frescura e inocencia de su amor infantil. En el momento en que crecieron, ambos perdieron sus anteriores rostros y se convirtieron en esclavos de un ciclo interminable: La Paz y la Guerra nunca volverían a fusionarse en uno solo, como en aquel luminoso día en el jardín.
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