miércoles, septiembre 27, 2006

La Perfección: Viaje al País de la Belleza (Ensayo)

"¿Qué perfección es ésta
que complace y no subyuga,
que admira y no arrastra?"

José Ortega y Gasset

El invierno es el único Ser capaz de desmenuzar rápidamente la progresiva juventud de la naturaleza, y convertir aquel momento de violencia en un acto de sublime piedad para lo eterno. Casi como en un trance que durará tres meses, dejará caer su majestuosidad como un llanto de singular belleza que intentará llenar los vacíos de su constante soledad. El Hombre lo observará a la distancia en una rutina silenciosa escudriñando cada detalle, sólo para observar el momento en que aquel frío manto cubra con su blancura y transparencia las banalidades de un verano mezquino, en un instante de purificación que ha sido plasmado por muchos pinceles y lápices desde el principio de los tiempos. "País de Nieve", la obra más aclamada de Yasunari Kawabata, logra captar e impregnar con gran maestría la esencia de la búsqueda de la perfección como remedio para el problema que ha acompañado de la mano al Hombre desde su creación: la Soledad.

Para muchos filósofos y artistas la perfección es el punto máximo de un viaje libremente asumido, durante el cual el Hombre será sometido a diversas pruebas que pondrán todas sus convicciones en jaque, en un proceso de diversas etapas. Debido a que escapa de nuestra realidad sensible, se convierte en un concepto o camino complejo que el Hombre no será capaz de explicar y definir por sí solo. Es por esta razón que las personas vinculan la perfección con una idea que pueda ser percibida con los sentidos y, por lo tanto, racionalizada: la belleza. Según el metafísico, pintor y poeta suizo Frithjof Schuon, la belleza es el más óptimo espejo para reflejar lo ideal. En el texto "Fundamentos de una estética integral", Schuon nos habla de que lo bello satisface los dos aspectos más importantes dentro de la vida humana: lo intelectual y lo emocional. Propone que la belleza nos brinda seguridad debido a que aparta las grietas que nos deja la duda y la inquietud; nos acerca al amor, ya que su embrujo nos invita a fusionarnos en un solo Ser para dejar atrás nuestros límites individuales; y nos muestra el infinito al liberar nuestras almas de los límites impuestos. Todos éstos factores nos llevan al placer intelectual puesto que nos aproximan a la verdad y, finalmente, al bien.

Yasunari Kawabata, con su monumental novela "País de Nieve", no parece alejarse de estos planteamientos y nos conduce hacia una travesía en donde la belleza se transforma en la máxima expresión de aquello que es perfecto, purificando el alma de sus protagonistas y la conciencia de los lectores. Desde el comienzo de la novela se muestra la soledad que habita en los protagonistas y cómo ésta determina sus encuentros con una belleza que de otra forma pasaría inadvertida. Shimamura es un diletante de Tokio que concurre a las termas de las montañas para "limpiar" su alma de lo urbano y reencontrarse con su amante, Komako, una joven y hermosa aprendiz de geisha incapaz de controlar sus tortuosos sentimientos por el protagonista. De ella sólo se podrá conocer aquello que Shimamura piensa o recuerda, demostrando así la excelente capacidad de Kawabata para atraer al lector con su sensible escritura. Para Shimamura la relación que mantiene con Komako es ideal puesto que viaja a las termas cuando lo estima conveniente, encontrándose con ella cuando lo desea y bajo la distancia que le proporciona el cómodo vínculo que existe entre un huésped y una geisha. Ésta situación no sólo le brinda a Shimamura una evasión a las consecuencias que pueden producirse debido al descontrolado amor que siente Komako hacia él, sino que también provoca que Shimamura establezca la misma relación que tiene con el ballet occidental. El protagonista se convierte un experto en este baile aunque jamás se ha atrevido a ver uno directamente con sus ojos, basando su conocimiento sólo en lo que aparece en las revistas. De esta manera logra una lejanía que le permita percibir la belleza sin sus imperfecciones, idealizando la danza para convertirla en una manera de complemento y escape de sus propias imperfecciones: "Lo que consideraba una investigación seria era en realidad una fantasía sin control: su decisión de saborear los fantasmas de su imaginación danzante a partir de fotos y libros occidentales era como estar enamorado de alguien a quien nunca había visto." (Página 35)

Es también de gran importancia en la novela la figura femenina, la cual ocupa un lugar privilegiado en el relato y se transforma en el eje de las reflexiones del protagonista. Si bien Kawabata nos presenta a Komako y Yoko como mujeres puras y bellas (y por lo tanto perfectas), sólo ésta última permanecerá inalterable en el transcurso de la historia. Su belleza no sólo radica en la apariencia física sino que también en su enigmática y solícita vida. Fruto de su amor imposible con un hombre moribundo, Yoko anhela una felicidad que es inalcanzable pero que sin embargo resalta su perfección y le entrega aquella pureza virginal que tanto llama la atención de Shimamura en su primer encuentro en el tren. Es en esta ocasión en donde el protagonista se maravilla ante la hermosura del ojo de la muchacha, el cual se refleja en la ventana y se funde con el imponente paisaje invernal: "Cuando el pequeño resplandor se fundió con el ojo de la muchacha, lo convirtió en una maravillosa partícula de fosforescencia contra el mar de montañas nocturnas" (Página 22). Poco a poco Yoko va transformándose en la obsesión de Shimamura y, finalmente, termina siendo la única justificación que él encuentra para volver a las termas debido al desgaste sufrido en su relación con Komako.

Ahora bien, en el momento en el que Shimamura incorpora a Yoko a sus pensamientos, se forma un triángulo que será enmarcado por el otro gran amor del protagonista y testigo mudo de la historia: el Paisaje. Éste se convertirá progresivamente en otra obsesión de Shimamura debido a su perfección y a su capacidad purificadora. El Paisaje es para Shimamura una poesía interminable, cuyos dulces ecos le sirven para recuperar un poco de la honestidad perdida durante su ociosa vida en Tokio. Kawabata enaltece la habilidad restauradora del Paisaje en el lírico e inolvidable fragmento dedicado a la seda Chijimi: "Cada año, enviaba todos sus kimonos a blanquear en la región, con el mismo procedimiento. Era toda una tarea el traslado de aquellas prendas hasta las montañas donde habían sido hilados originariamente, pero a Shimamura le gustaba la idea de que sus kimonos estuvieran en manos tan confiables, extendidos en la nieve al sol hasta eliminar el menor rastro de impureza acumulado durante cada verano. Al ponérselas de nuevo, se sentía él mismo blanqueado de toda impureza" (Página 141). Precisamente es por eso que el paisaje es tan significativo para Shimamura: gracias a sus kimonos, puede relacionarse con éste sin tener que visitarlo ni sentirse culpable por no hacerlo, y puede abandonarlo sin tener la sensación de que lo olvida. De una forma imperceptible, Kawabata fusiona al paisaje con los tres protagonistas y los transforma en un sólo Ser... El mismo que está destinado a arder cuando los lazos que unen a los cuatro personajes principales sean desgastados por el implacable paso del tiempo.

Yasunari Kawabata sorprende al lector con uno de los finales más inolvidables e impactantes de la literatura: Un incendio en el cual no sólo muere Yoko sino también termina el viaje interno que Shimamura había emprendido al comienzo de la novela. El momento en que la perfección alcanza su punto máximo es cuando se produce el contraste entre el fuego y la nieve, rompiendo el fino equilibrio existente entre lo predecible y lo imprevisto. Todo esto es aún más destacado por el cuerpo sin vida de Yoko, el cual acentúa su belleza hasta el punto de que Shimamura no sabe reconocer la muerte en la muchacha. Es en aquel momento de confusión en donde todos los meses vividos en las montañas arderán repentinamente, dejando una sensación de vacío al protagonista y de profunda inquietud al no poder controlar la cadena de sucesos que tenían lugar delante de sus ojos.El desenlace de "País de Nieve" será cruel pero esperado: El Hombre, en su afán de perseguir la perfección, sólo logra herir a aquellos que lo rodean y con ello autodestruirse, aprendiendo demasiado tarde que aquel objetivo es inalcanzable y su búsqueda inútil.
Jennifer Tardio Bassaletti

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