viernes, marzo 30, 2007

fragmento "El caballero de la armadura oxidada"

- ¿Qué es?- preguntó el caballero.
- Vida
- ¿Vida?
- Sí- dijo el mago- ¿No os pareció amarga al principio y, luego, a medida que la degustábais, no lo encontrábais cada vez más apetecible?
El caballero asintió.
- Sí, los últimos sorbos resultaron deliciosos.
- Eso fue cuando empezásteis a aceptar lo que estabais bebiendo.
- ¿Estáis diciendo que la vida es buena cuando uno la acepta?- preguntó el caballero.
- ¿Acaso no es así?- replicó Merlín, levantando una ceja divertido.
- ¿Esperáis que acepte esta pesada armadura?
- Ah- dijo Merlín- No nacisteis con esa armadura. Os la pusisteis vos mismo. ¿Os habéis preguntado por qué?

Robert Fisher

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Fragmentos escogidos: J.R.R. Tolkien

"Cuando los Hijos despierten, el pensamiento de Yavanna despertará también, y convocará espíritus venidos de lejos, e irán entre los kelvar y las olvar, y algunos se albergarán en ellos, y serán tenidos en reverencia, y su justa cólera será temida. Por un tiempo: mientras los Primeros Nacidos tengan dominio y los Segundos sean jóvenes. Pero ¿no recuerdas, Kementári, que tu canto no siempre estuvo sólo? ¿No se encontraron tu pensamiento y el mío y remontamos vuelo juntos como los grandes pájaros que se elevan sobre las nubes? Eso también advendrá por la obra de la atenta mirada de Ilúvatar, y antes que los Hijos despierten, aparecerán las Águilas de los Señores del Occidente, con alas parecidas al viento".
El Silmarilión
"Salido de la duda, libre de las tinieblas, cantando al Sol galopó hacia el amanecer, desnudando la espada. Encendió una nueva esperanza, y murió esperanzado; fue más allá de la muerte, el miedo y el destino; dejó atrás la ruina, y la vida, y entró en la larga gloria. (...)No es oro todo lo que reluce, ni toda la gente errante anda perdida; a las raíces profundas no llega la escarcha; el viejo vigoroso no se marchita. De las cenizas subirá un fuego, y una luz asomará en las sombras; el descoronado será de nuevo rey, forjarán otra vez la espada rota.(...)Galopaba con un furor demente, como si la fervorosa sangre guerrera de sus antepasadosle corriera por las venas con un fuego nuevo; y transportado por Crinblanca parecía un dios de la antigüedad, el propio Orome el Grande, se hubiera dicho, en la batalla de Valar, cuando el mundo era joven. El escudo de oro resplandecía y centelleaba como una imagen del sol,y la hierba reverdecía alrededor de las patas del caballo. Pues llegaba la mañana, la mañana y un viento del mar; y ya se disipaban las tinieblas; y los hombres de Mordor gemían, y conocían el pánico, y huían y morían, y los cascos de la ira pasaban sobre ellos. Y de pronto los ejércitos de Rohan rompieron a cantar, y cantaban mientras mataban, pues el júbilo de la batalla estaba en todos ellos, y los sonidos de ese canto que era hermoso y terrible llegaron aún a la ciudad".
El Señor de los Anillos

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Fragmentos escogidos: Franz Kafka

"Cuando Gregorio Samsa despertó aquella mañana, luego de un sueño agitado, se encontró en su cama convertido en un insecto monstruoso. Estaba echado sobre el quitinoso caparazón de su espalda, y al levantar un poco la cabeza, vio la figura convexa de su vientre oscuro, surcado por curvadas durezas, cuya prominencia apenas si podía aguantar la colcha, visiblemente a punto de escurrirse hasta el suelo. Innumerables patas, lamentablemente escuálidas en comparación con el grosor ordinario de sus piernas, ofrecían a sus ojos el espectáculo de una agitación sin consistencia."
La Metamorfosis

"Era un largo pasillo al que se abrían algunas puertas toscamente construidas que daban paso a las oficinas instaladas en el piso. Aunque en el pasillo no había ventanas por donde entrara directamente la luz, no estaba completamente a oscuras, porque algunas oficinas, en lugar de presentar un tabique que las separara del corredor, tenían enrejados de madera que llegaban hasta el techo, a través de los cuales se filtraba un poco de luz, y podía verse a unos cuantos funcionarios, que escribían sentados a una mesa o que, de pie junto al enrejado, miraban por sus intersticios a la gente que pasaba por el corredor. En el pasillo no se veía a muchas personas a causa, seguramente, de que era domingo. Todas tenían un aspecto muy decente y estaban sentadas a intervalos a lo largo de una fila de bancos de madera dispuestos a ambos lados del corredor. Había dejadez en el vestir de aquellos hombres, aunque a juzgar por su fisonomía, sus maneras, su corte de barba y otros pequeños detalles imponderables, pertenecían obviamente a las clases mas altas de la sociedad. Como en el corredor no existían perchas, habían dejado sus sombreros sobre los bancos, siguiendo posiblemente cada uno de ellos el ejemplo de los otros. Cuando los que estaban sentados cerca de la puerta vieron venir a K. y al ujier, se pusieron de pie cortésmente, visto lo cual sus vecinos se creyeron obligados a imitarles, de modo que todos se levantaban a medida que pasaban los dos hombres. Pero ninguno de ellos se ponía derecho del todo, pues quedaban con las espaldas inclinadas y las rodillas dobladas dando la sensación de ser mendigos callejeros".
El Proceso

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jueves, marzo 29, 2007

Oración

Señor...
...Ayúdame a decir la verdad
delante de los fuertes y a no decir
mentiras para ganarme el aplauso
de los débiles.
Si me das fortuna, no me quites la razón.
Si me das éxito, no me quites la
humildad.
Si me das humildad, no me quites
la dignidad.
Ayúdame siempre a ver la otra
cara de la medalla,
no me dejes inculpar de traición
a los demás por no pensar
igual que yo.
Enséñame a querer a la gente
como a mí mismo y a no juzgarme
como a los demás.
No me dejes caer en el orgullo
si triunfo, ni en la
desesperación si fracaso.
Más bien recuérdame que el
fracaso es la experiencia que precede al triunfo.
Enséñame que perdonar
es un signo de grandeza y que la venganza
es una señal de bajeza.
Si me quitas el éxito, déjame
fuerzas para aprender
del fracaso.
Si yo ofendiera a la gente,
dame valor para disculparme
y si la gente me ofende,
dame valor para perdonar.
¡Señor...si yo me olvido de tí,
nunca te olvides de mí!

Mahatma Gandhi

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lunes, marzo 05, 2007

Mi Amigo

- Yo pondré fin a tu sufrimiento - me decía la mirada de mi Amigo cada vez que me consolaba cuando rompía a llorar en mi tierna niñez, en esos hermosos años de primavera.
Es posible que fuera en esos momentos en que nuestro amor fue fortificándose hasta convertirse en un lazo irrompible que provocaba que mi Amigo siempre siguiera mis pasos. Aquellas palabras jamás dichas, pero siempre expresadas en sus ojos, marcaron mi vida de adolescente y me ayudaron a afrontar los difíciles cambios que se avecinaban en la adultez, como un potente sol en ciclo de verano. Aún en tiempos sombríos, jamás pude olvidar sus brazos cálidos, angelical sonrisa y sabios consejos. Pero el cruel destino me convirtió en un revolucionario pensador liberal, provocando que nuestros caminos se separaran irremediablemente. Es ahí donde comieza el otoño de mi vida.
Estuve al frente de mil batallas y perdí la inocencia entre los masacrados cadáveres de mis más fieles compañeros de lucha cuando sólo contaba con la veintena. Fui aprisionado, torturado y mutilado. Sólo el vago recuerdo de mi Amigo me ayudaba a seguir respirando y me instaba a combatir, en el más duro invierno que probablemente nadie experimentó.
Jamás me podré arrepentir de lo vivido, aún cuando fui arrojado con violencia hacia la tierra que me vio crecer para ser fusilado. Arrodillado, pero nunca vencido, esperé con mi cuerpo adolorido la hora de mi lenta muerte.
- Yo pondré fin a tu sufrimiento- murmuró un hombre a la lejanía.
Abrí los ojos y reconocí de inmediato a mi Amigo entre las filas de los militares que esperaban ansioso mi deceso. Escuchar de su boca las palabras que yo siempre imaginé, provocaron un impacto que me llevó a llorar por primera vez en mucho tiempo. Como cuando me encontraba en aquella juguetona primavera que ya jamás podría volver.
- Amén- respondí con una sonrisa en los labios.
Los dos disparos fueron limpios y certeros.
Mi amigo había acabado con nuestro sufrimiento, tal y como lo prometió.

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