Mi Amigo
- Yo pondré fin a tu sufrimiento - me decía la mirada de mi Amigo cada vez que me consolaba cuando rompía a llorar en mi tierna niñez, en esos hermosos años de primavera.
Es posible que fuera en esos momentos en que nuestro amor fue fortificándose hasta convertirse en un lazo irrompible que provocaba que mi Amigo siempre siguiera mis pasos. Aquellas palabras jamás dichas, pero siempre expresadas en sus ojos, marcaron mi vida de adolescente y me ayudaron a afrontar los difíciles cambios que se avecinaban en la adultez, como un potente sol en ciclo de verano. Aún en tiempos sombríos, jamás pude olvidar sus brazos cálidos, angelical sonrisa y sabios consejos. Pero el cruel destino me convirtió en un revolucionario pensador liberal, provocando que nuestros caminos se separaran irremediablemente. Es ahí donde comieza el otoño de mi vida.
Estuve al frente de mil batallas y perdí la inocencia entre los masacrados cadáveres de mis más fieles compañeros de lucha cuando sólo contaba con la veintena. Fui aprisionado, torturado y mutilado. Sólo el vago recuerdo de mi Amigo me ayudaba a seguir respirando y me instaba a combatir, en el más duro invierno que probablemente nadie experimentó.
Jamás me podré arrepentir de lo vivido, aún cuando fui arrojado con violencia hacia la tierra que me vio crecer para ser fusilado. Arrodillado, pero nunca vencido, esperé con mi cuerpo adolorido la hora de mi lenta muerte.
- Yo pondré fin a tu sufrimiento- murmuró un hombre a la lejanía.
Abrí los ojos y reconocí de inmediato a mi Amigo entre las filas de los militares que esperaban ansioso mi deceso. Escuchar de su boca las palabras que yo siempre imaginé, provocaron un impacto que me llevó a llorar por primera vez en mucho tiempo. Como cuando me encontraba en aquella juguetona primavera que ya jamás podría volver.
- Amén- respondí con una sonrisa en los labios.
Los dos disparos fueron limpios y certeros.
Mi amigo había acabado con nuestro sufrimiento, tal y como lo prometió.
Es posible que fuera en esos momentos en que nuestro amor fue fortificándose hasta convertirse en un lazo irrompible que provocaba que mi Amigo siempre siguiera mis pasos. Aquellas palabras jamás dichas, pero siempre expresadas en sus ojos, marcaron mi vida de adolescente y me ayudaron a afrontar los difíciles cambios que se avecinaban en la adultez, como un potente sol en ciclo de verano. Aún en tiempos sombríos, jamás pude olvidar sus brazos cálidos, angelical sonrisa y sabios consejos. Pero el cruel destino me convirtió en un revolucionario pensador liberal, provocando que nuestros caminos se separaran irremediablemente. Es ahí donde comieza el otoño de mi vida.
Estuve al frente de mil batallas y perdí la inocencia entre los masacrados cadáveres de mis más fieles compañeros de lucha cuando sólo contaba con la veintena. Fui aprisionado, torturado y mutilado. Sólo el vago recuerdo de mi Amigo me ayudaba a seguir respirando y me instaba a combatir, en el más duro invierno que probablemente nadie experimentó.
Jamás me podré arrepentir de lo vivido, aún cuando fui arrojado con violencia hacia la tierra que me vio crecer para ser fusilado. Arrodillado, pero nunca vencido, esperé con mi cuerpo adolorido la hora de mi lenta muerte.
- Yo pondré fin a tu sufrimiento- murmuró un hombre a la lejanía.
Abrí los ojos y reconocí de inmediato a mi Amigo entre las filas de los militares que esperaban ansioso mi deceso. Escuchar de su boca las palabras que yo siempre imaginé, provocaron un impacto que me llevó a llorar por primera vez en mucho tiempo. Como cuando me encontraba en aquella juguetona primavera que ya jamás podría volver.
- Amén- respondí con una sonrisa en los labios.
Los dos disparos fueron limpios y certeros.
Mi amigo había acabado con nuestro sufrimiento, tal y como lo prometió.
Etiquetas: Mi mundo de imaginación... los personajes de la creación


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