sábado, abril 07, 2007

Los Viudos

En el momento en que fuimos perdonamos por lo que otros consideraban faltas, supimos de inmediato que se avecinaba el doloroso tiempo de separación.
Nos habíamos rendido, rodeados por un sentimiento de aceptación que sólo hacía que el inevitable final se aproximara más rápidamente, como un monstruo deseoso de comer a su más ansiada víctima en la oscuridad.
Cuando ambos nos sumergimos en una rutina cada vez más insoportable, deseamos volver a nuestra vida aventurera. Pero nuestro glorioso pasado y deprimente presente estaban alejados por un extenso puente que ya jamás podríamos volver a cruzar. El valor nos había abandonado: sólo quedaban retazos de nuestra fuerza ya doblegada.
Todo comenzaba a perder el sentido que le habíamos otorgado de antaño. Nuestras miradas cómplices y risueñas se habían teñido de frialdad y desesperación, en un vano intento de súplica para los crueles espectadores de nuestra agonía.
Habíamos sido perdonados. Habíamos sido utilizados y luego olvidados por nuestro Creador.

Una mañana cualquiera de abril, marido y mujer se rebelaron contra el Sistema que ellos mismos habían ayudado a instaurar. Una mañana cualquiera de abril, la revolución había comenzado nuevamente.

Etiquetas: