jueves, julio 16, 2009

De tu ausencia

¿Quién será el primero en notar tu ausencia?
La falta de tu olor por la casa,
el sonido de tu risa juguetona,
tu mirada distraída pero cercana.

¿Quién será el primero en mencionar tu nombre
cuando te hayas ido para siempre?

¿Cómo podré desentrañar tus enigmas,
consolarte en tus tristezas,
ayudarte con tus problemas,
si ya no estarás nunca más a mi lado?

Espero que el invierno de la memoria
no sea demasiado cruel conmigo:
ojalá que me deje recordarte tal cual eres,
joven, inocente, amorosa...

¿Quién será el primero en notar tu ausencia?
¿Quién será el primero en querer retroceder el tiempo?
¿Quién será el primero en recordar tus caricias, tus juegos?
¿Y quién será el último en recordar tu presencia?

lunes, enero 12, 2009

Frases

"Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias".
Miguel de Cervantes Saavedra

"No hay cosa que haga más daño a una nación como el que la gente astuta pase por inteligente".
Sir Francis Bacon

"Los únicos goces puros y sin mezcla de tristeza que le han sido dados sobre la tierra al hombre, son los goces de familia".
Giuseppe Mazzini

"Un padre es un tesoro, un hermano es un consuelo: un amigo es ambos".
Benjamin Franklin

"Basta con que un hombre odie a otro para que el odio vaya corriendo hasta la humanidad entera".
Jean Paul Sartre

"A un alma se le mide por la amplitud de sus deseos, del mismo modo que se juzga de antemano una catedral por la altura de sus torres".
Gustave Flaubert

"¿Cuál es el primer deber del hombre? La respuesta es muy breve: ser un mismo".
Henrik Johan Ibsen

Tregua

   La primera vez que se toparon fue en un inmenso teatro lleno de gente. Él bailaba ballet, ella era acomodadora. La mujer no pude ocultar su sorpresa ante la belleza del espectáculo que se desarrollaba ante sus ojos; el hombre, en cambio, cuando su cuerpo danzaba al son de la música, se sumergía en un trance donde era incapaz de ver algo que no fuera oscuridad. Sus destinos jamás deberían haberse cruzado. Ambos tenían diferencias demasiado profundas, por lo que era poco probable que sus espíritus novatos fueran capaces de conciliarse y crear una tregua. Sin embargo, la acomodadora encontró el que creyó era su salvador; y el bailarín, por su parte, pensó haber ubicado por fin el sentido a su vida.

Luego de finalizar la función, Gabriel se encerró en su camarín a llorar amargamente, tal como lo hacía desde hace cinco años atrás. Deseó con todas sus fuerzas poder desaparecer, alejarse del vértigo, la presión, la falsa admiración y los celos que acarreaban su profesión, y volver a ser el niño de antaño, aquel que se contentaba con las simples cosas de la vida. Es demasiado tarde ya, pensó Gabriel mientras contemplaba el maduro rostro que le devolvía el espejo, debo olvidar el sentimentalismo o seré aplastado por el avance del tiempo. Con una inusitada brusquedad, arrancó las lágrimas que se deslizaban por sus mejillas y practicó diversas sonrisas, mientras escuchaba a su padre tocar la puerta y llamarlo para recibir los regalos y felicitaciones. Con cierto desgano, que intentó disfrazar con una fingida felicidad, abandonó su camarín y se encaminó hacia la recepción del teatro.

Eva, luego de asegurarse de dejar completamente vacía la sala del Municipal, se dirigió apresuradamente hacia su casa. No obstante, en la recepción habían tantas personas que ella era incapaz de ver a donde iba, por lo que accidentalmente golpeó de frente con la espalda del bailarín, el cual cayó estrepitosamente al suelo. En el momento en que todos corrieron asustados a ayudar, las miradas de Gabriel y Eva se cruzaron fugazmente. El corazón de la mujer se detuvo momentáneamente por la emoción; sin embargo, los ojos del esbelto bailarín demostraron un vacío incapaz de cualquier reconocimiento. Este recipiente hueco no puede ser el mismo hombre apasionado de la función, pensó Eva con tristeza, notando inmediatamente que aún llevaba puesta su placa de acomodadora. Esto es lo que me hace invisible a los ojos de la gente elegante, se dijo a sí misma mientras arrancaba rápidamente la identificación, es por ello que él no me miró a los ojos y se perdió en las sombras del gentío... un hombre de su status nunca se fijará en una muchacha de tercera clase como yo. Algo dentro de la mujer pareció quebrarse, e intentando contener las lágrimas que luchaban por salir, salió corriendo del lugar. Justo en ese momento, Gabriel volvió en sí y levantó el rostro en busca de la persona que lo había chocado. Para su sorpresa, ya no había nadie.

Al día siguiente, Gabriel volvió a su camarín en busca de unos anteojos que había olvidado la noche anterior. Los buscó infructuosamente durante tediosos quince minutos que le parecieron una eternidad. Cansado, se sentó a pensar dónde diablos había dejado por última vez aquel codiciado objeto, dándose cuenta en ese instante de que una nota se encontraba pegada en el espejo de la habitación. Extrañamente sobreexcitado, sacó el papel suavemente y lo leyó como un creyente lee un texto sagrado:

“La distancia que separa al escritor del papel es el mismo que aparta a un bailarín de su público. ¿Es que acaso piensas que puedes engañar a todos los espectadores? ¡Cuánta vanidad! Tu soberbia te ciega y suprime lo más bello que hay dentro de ti. Por ello no eres capaz de ver con claridad que delante de ti se encuentra la única persona que puede ver detrás de tu disfraz. ¿Eres tú acaso capaz de ver detrás del mío?”

Una sonrisa juguetona, que Gabriel creyó extinta, le iluminó el rostro. E, inmediatamente, comenzó a escribir como poseso en el primer papel que encontró cerca. Al terminar, se sintió raramente satisfecho y feliz. Muy pocos momentos los atesoraría de manera tan fuertemente en su memoria, como el instante en que compuso su respuesta.

Su rutinario trabajo condujo bruscamente a la realidad a Eva. Inspeccionó la sala principal y, luego de cerciorarse de que todo estaba normal, se encaminó hacia la pieza de los artistas. Al llegar a los camarines, vio un sobre pegado en la puerta del bailarín. Nerviosa, la abrió con la respiración entrecortada y las manos sudadas:

“Has logrado ver a través de mí como un niño que aprecia los colores de los peces en el fondo del mar. ¿Crees que no seré capaz de reconocerte cuando te vea a los ojos? ¡Incrédula! Deberías comenzar a confiar en los demás y quererte un poco más a ti misma. No sabes la cantidad de sentimientos que se arremolinaron en mi corazón en el momento de recibir tu carta. Te aseguro, por mi vida si es necesario, que la distancia que separa a un creador de su invención no se interpondrá entre nosotros. ¿No escuchas acaso el sonido que hace mi corazón? ¿No será que nuestros latidos cantan en perfecta sincronía?”

Eva soltó una fuerte carcajada. El bailarín se había enamorado perdidamente de una figura que se difuminaba al momento en que su presentación terminaba. ¡La vida podía llegar a ser tan cruel! ¿Quién era ella para jugar con los sentimientos de un hombre solitario y desesperado? Lamentablemente, Eva también había caído en la trampa. Su fascinación por Gabriel residía principalmente en el ardor que él colocaba en cada paso de ballet. Sin embargo, aquella determinación desaparecía en la vida real, convirtiendo al bailarín en un ser indefenso y vulnerable. ¿Qué debía hacer ahora? ¿Seguir con la farsa del amor imposible, o resignarse a la realidad que la vida le había impuesto? Rápidamente escribió una nueva misiva de dos simples palabras (“Te equivocas”), y se sumió en un profundo silencio durante toda la noche.

Dos días más tarde, en las boleterías del Teatro Municipal, Eva encontró una nueva nota:

“Claramente eres tú la que te equivocas. Te he comprado un regalo que asegurará nuestro esperado encuentro. Sinceramente espero que aceptes este presente”.

Desde dentro del sobre, la mujer sacó una entrada para la función de ballet que se realizaría hoy en el teatro. Para su estupor, el asiento guardado para ella se encontraba en la primera fila, en el sitio catalogado como Golden. Evidentemente, aquel hombre la había confundido con otra persona. Díos mío, pensó Eva mientras apretaba con fuerzas sus puños, sólo necesitamos una tregua para seguir adelante.

Esa misma noche, Gabriel estaba demasiado nervioso como para disfrutar de la nueva jornada. Lo único que deseaba era ver el rostro de la mujer en los asientos delanteros, pues sólo así todo se volvería real. Atrás quedarían los hermosos sueños que se opacaban con cada punto final de las notas. Ahora todo sería tangible. Ahora todo tomaría sentido.

Al subir al escenario, el bailarín dirigió inmediatamente su mirada al lugar reservado, esperando encontrar a la persona responsable de su cambio. Sin embargo, el lugar estaba vacío y se encontraba pegada una nota en él. ¿Qué estaba sucediendo? ¿Por qué ella no se había presentado? ¿Quién de ellos se negaba a deponer la guerra? Bajó la mirada, ocultando una profunda tristeza, mientras la música comenzó a tocar su habitual canción. Pero sus pies no se movieron un centímetro. Para el espanto de los espectadores, Gabriel se retiró del escenario, pidió a una auxiliar que buscara la nota, y se dirigió directamente hacia su camarín. Luego de unos diez minutos de una espera desquiciante, alguien le trajo el sobre:

“Siento decepcionarte, pero me has confundido con alguien que no soy yo. ¿Cómo una mujer de tercera clase podría ubicarse alguna vez con los de primera? ¿Es que acaso quieres que pretenda ser alguien más? Este es el adiós. No fuiste capaz de ver lo que hay detrás de la simple mujer que se presenta ante tus ojos. La identificación que llevo todos los días me ha convertido en una sombra desplazándose dentro de la multitud, una masa informe que tú no fuiste capaz de retener y rescatar. Tu sencillo baile nos une. Tu status social nos separa”.

La tensión se aflojó lentamente, dando paso a un sentimiento de extraña felicidad. Gabriel volvió a leer el escrito y, con lágrimas en los ojos, comenzó a reír con fuertes carcajadas. ¿Cómo iba a ser conciente de la importancia de ser o no ser alguien en la sociedad? En ese momento descubrió que detrás de su casa se escondía una cárcel, y que tras los ropajes del músico se abrigaba un asesino que estaba acabando poco a poco con su vida. ¿Cómo no había visto antes que dentro del disfraz de acomodadora se encontraba la única mujer que él había logrado aceptar luego de la muerte de su madre?

Asombrada por la reacción del bailarín, Eva abandonó su puesto de trabajo y se fue del lugar, avergonzada por ser la causante de que el hombre se sintiera nuevamente desdichado. En el momento en que bajaba las escaleras del gran teatro, una de sus amigas la alcanzó y entregó una nota. Eva, simplemente, no pudo creer lo que leía:

“Yo sé que detrás de aquella frágil mujercita de galería, se encuentra una poderosa y bella flor del Golden. Sin embargo, aquello ya no importa. Al mirarte a los ojos, sólo veo a una muchacha enamorada, y espero que tú también percibas lo mismo en mí. El tiempo nos ha regalado una tregua, donde nuestras diferencias por fin logran conciliarse. Ahora, firma tu intermisión con una sonrisa.”

Eva giró lentamente sobre sus talones, encontrándose con los transparentes y apasionados ojos de Gabriel, quien estiró su mano hacia ella mientras descendía los escalones. Ambos quedaron frente a frente por algunos minutos sin decir nada. Parecía que el tiempo se había detenido.

El famoso bailarín de ballet y la modesta acomodadora se fundieron en un fuerte y caluroso abrazo. Por fin estaban en paz.          

    

   

    

martes, junio 10, 2008

Los Guerreros

Cinco Guerreros salieron de la Zona Desolada, pero sólo tres sobrevivientes cruzaron el puente de Grück, que comunica al Continente Viejo con el Nuevo. Posteriormente, vieron cómo su coraje era puesto a prueba en las turbias aguas del Gran Océano, en donde luego desembarcaron en un extraño puerto desconocido. El paisaje que los recibió allí no era para nada prometedor: los pobladores no eran más que un montón de salvajes sin ley ni educación. Los aborígenes desconocían su descendencia sagrada y sangre milenaria... intentaron infructuosamente, en diez batallas, eliminar a los extranjeros sin resultados.

- ¡Son todos unos bárbaros en el Nuevo Continente! - exclamó el Guerrero Azul - ¡Alguien debería colonizarlos y enseñarles buenas costumbres!

- Creo que nuestro Padre nos ha enviado una misión sin darnos cuenta...- murmuró el Guerrero Rojo.

- ¡Ni siquiera con siglos de educación ellos lograrían alcanzar el nivel de sabiduría del Viejo Continente! - gritó asqueado el Guerrero Blanco.

Ninguno de los Guerreros notó que una mujer los observaba a la distancia. Ella, asombrada por lo que escuchaba, garabateó unas palabras en un trozo de papel invisible a los ojos de los pecadores, arrojándolo en el camino que pronto el grupo sagrado debía recorrer.

Sin embargo, ninguno de los hombres bajó la mirada en el momento en que reanudaron la marcha. Estaban demasiado preocupados pensando en cómo poner en marcha lo más rápido posible su plan: iban a exterminar por completo a aquellos aborígenes del Continente Nuevo, para luego traer a vivir a ese hermoso lugar a las personas de sus respectivas tierras. Nunca volvieron a pensar en los Guerreros caídos... ni volvieron a escuchar la voz de su Padre.

Pasaron tres años de difíciles batallas hasta que vieron logrado su cometido. Ahora, sólo quedaba un pequeño campamento que no dudaron en quemar. Las familias corrieron asustadas mientras veían cómo sus pertenencias, así como sus seres queridos, desaparecían en manos de aquellos hombres en los que habían depositado su única esperanza de sobrevivencia.

- ¡Amados hijos del Dios, no deben continuar! - gritó una mujer a la lejanía.

Los Guerreros, sorpendidos de que alguien conociera su identidad, detuvieron el asalto aunque ya era demasiado tarde: La única persona que quedaba en pie era una pequeña mujer, la misma que los había interpelado hace un momento.

- ¿Quién eres tú mujer? ¿Quién te dijo nuestra identidad? - preguntó consternado el Guerrero Azul

- ¿Es que acaso esta especie de locura que parece haberse apoderado de vosotros les ha hecho olvidar el rostro de su madre?

Ninguno de los hombres pronunció palabra, estaban demasiado sorprendidos como para hablar.

- ¡¿Madre, dices?! ¡Te equivocas! Nuestro santo linaje sólo se encuentra en el Viejo Continente! -exclamó el Guerrero Rojo.

- ¿Tantos años han pasado ya desde que iniciaron su viaje? Ni siquiera me había dado cuenta... el tiempo es tan traicionero.- La mujer sacó con un además suave los cabellos que caían sobre su rostro.- Amores míos, nunca han abandonado su patria.

Los Guerreros por fin reconocieron su pueblo natal, su país al que habían desolado ciegos de ambición y poder. ¿Quién dijo barbarie? ¿Quién de ellos creyó realmente que se habían ido emprendiendo una aventura casi evangelizadora?
Arrepentidos, se arrodillaron.
Arrepentidos, volvieron a llorar y sentir.
Los hombres botaron sus armas y se lanzaron hacia sus Padres.
Sí, habían acabado con todo el mundo...
... Pero también, habían iniciado otro mucho más puro y verdadero.

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domingo, mayo 25, 2008

Cuántas veces, amor...

Cuántas veces, amor, te amé sin verte y tal vez sin recuerdo,
sin reconocer tu mirada, sin mirarte, centaura,
en regiones contrarias, en un mediodía quemante:
eras sólo el aroma de los cereales que amo.
Tal vez te vi, te supuse al pasar levantando una copa
en Angola, a la luz de la luna de Junio,
o eras tú la cintura de aquella guitarra
que toqué en las tinieblas y sonó como el mar desmedido.
Te amé sin que yo lo supiera, y busqué tu memoria.
En las casas vacías entré con linterna a robar tu retrato.
Pero yo ya sabía cómo era. De pronto
mientras ibas conmigo te toqué y se detuvo mi vida:
frente a mis ojos estabas, reinándome, y reinas.
Como hoguera en los bosques el fuego es tu reino.
Pablo Neruda

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viernes, mayo 16, 2008

Amor imposible

Muy pocos pensaron que aquella pequeña y frágil niñita sería capaz de ser lo que muchos negaron años atrás. Decidió seguir respirando, perseverar por ponerse de pie y dar unos primeros pasitos temblorosos. Buscó algo que aferrarse a tientas, un dios que le brindara el cariño del que tanto carecía...
Conoció e hizo amigos, aunque nadie creyera que poseyera esa habilidad. Por primera vez sintió lo que era ser querida de verdad, con virtudes y defectos. Deseó con fervor que aquella hermosa primavera no terminara jamás, anque aquello fuera una quimera. En el momento de la inevitable separación, atesoró cada uno de los momentos vividos como los recuerdos más preciados de su corta vida.
Poco después, su alegría comenzó a menguar. Ya no reía por los pasillos, no jugaba con el mismo ánimo... dejó de hablar con la familia. No necesitaba palabras para expresar su vacío: mejor rezaría para que el destino le colocara nuevos regalos durante su existencia. Muchos decían que moriría a los diez, pero llegó a unos catorce años mudos valientemente.
Su rutina cambió radicalmente un día martes de septiembre: un muchacho, un tanto brusco y de mal genio, se le acercó con el fin de hacer un trabajo con ella. ¡Qué confusión sintió la joven! Desde aquel hermoso tiempo en su niñez, jamás había vuelto a estar con alguien. Quizás fue por ésto a lo que se debió su primera reacción... llorar, como no lo había hecho desde bebita. El muchacho no sabía qué hacer... creyó haber hecho algo mal. Se sintió morir: había herido los sentimientos de la jovencita que él tanto había amado en secreto desde hace años. Como medio para pagar su pecado, le regaló sus pañuelos desechables y se alejó, apesadumbrado por un encuentro que, finalmente, había sido un total fracaso.
Aquel joven no sabía que la muchacha guardaría su regalo en su altar de felices momentos. No volvieron a hablarse, aunque ya no era necesario. Ambos sabían que se pertenecían, que su amor soportaría, debido a los constantes estremecimientos que sentían cada vez que sus miradas se cruzaban... cada vez que sus cuerpos se rozaban. No podían dejar de pensar en el otro... era como si se conocieran de una vida anterior.
La niñita se convirtió en mujer y el torpe muchacho en un hombre dispuesto a proteger a su amada flor. Se veían cada vez menos, ambos estudiaban para ser profesionales y dejar a sus respectivas familias, soñando formar juntos lazos más fuertes. Ella le entregó su inocente cuerpo... él, le dio su alma hasta el punto en que ambos formaron un Todo.
Cierta noche de diciembre, el hombre llamó a la casa de su enamorada. No la había visto desde el día anterior y aquella separación había sido una tortura. Se dio cuenta de que la necesitaba como el aire para respirar, por lo que había tomado la decisión más importante de todas: le pediría matrimonio. Sin embargo, la voz que escuchó al otro lado del teléfono fue la de su madre, quien no deseaba escucharlo.
- ¡¿Qué es lo que deseas?! ¿es que acaso te quieres llevar a mi niñita? ¡me niego a quedarme sola!
- Por favor, señora, sólo quiero hablar con Milagros...
Era inútil, ya habían colgado. Sentir aquel sonido le produjo una extraña presión en el pecho. Algo malo sucedía y lo sabía. Por primera vez en mucho tiempo, se largó a llorar desconsoladamente y al llevar un pañuelo a sus ojos, no pudo evitar acordarse del primer día en que sus destinos se cruzaron. Deseó jamás haberla soltado, que ambos se quedaran para siempre abrazados como lo hacían por las mañanas al despertarse.
Poco a poco, el joven se fue marchitando. Cada año que pasaba era otra acuchillada a su ya débil corazón. Intentó entrar hasta por la fuerza a la casa de Milagros, pero se habían mudado a otra ciudad. Él decidió esperar... sabía que ella lo volvería a buscar, que no lo abandonaría tan fácilmente. Dejó de salir a la calle, de estudiar y de relacionarse con sus amigos. No le quedaban fuerzas ni siquiera para caminar, por lo que se acostó un día para no levantarse jamás.
Una noche de enero, seis años después de la partida de Milagros, el hombre abrió los ojos y encontró que por fin su amada había vuelto a su lado. Estaba sentada al borde de la cama, mientras lágrimas le inundaban sus ojos. Ella se sorprendió de ver el cómo el pelo de su querido esposo se había teñido de blanco, pese a su juventud. Él se impresionó de que ella estuviera tal cual como la recordaba. Ninguno de los dos se movió: al igual que hace diez años atrás, las palabras sobraban.
- Sabía que vendrías a por mí - Le dijo mientras la besaba.
- Gracias por siempre confiar en mí, Leo. Ahora me toca a mí ayudarte a tí.
Leopoldo sabía que su enamorada había muerto aún antes de terminar el colegio. Sabía que nadie le creería lo que había vivido con una mujer que realmente dejó de existir hace ya varias primaveras. Pero aquello no importaba... la había hecho feliz, y eso era lo que le dejaba conforme.
- ¿Me dejarías verte por última vez antes de cerrar mis ojos para siempre?
- No lo necesitas.- le respondió ella.- Ahora me verás despertar por las mañanas todos los días que le queden al infinito.
Se tomaron de las manos y se durmieron juntos, como tantas otras noches atrás. Tres semanas después, una vecina encontró el cuerpo sin vida de Leopoldo. Estaba intacto, tal cual como aquella madrugada en que Dios respondió a su fervorosas súplicas.
Sonreía.
Amaba.
Y ahora, por fin, vivía.

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jueves, abril 17, 2008

De cómo la palabra quiso ser y no podía

mientras la paz sea el fin y no el comienzo
mientras el miedo se combata con el miedo
mientras la ley sea norma y no principio
mientras la soledad sean miles de adjetivos
mientras sólo a los de siempre les llegue el agua al cuello
mientras la libertad sea una palabra de las enciclopedias
mientras la inteligencia se escriba con minúsculas
mientras los fusiles nos tengan a todos como blanco
mientras la sociedad sea la suciedad
mientras el orden se mantenga a culatazos
mientras la justicia esté de vacaciones
mientras todos estemos en libertad provisional
mientras se diga ejército y no ejercito
mientras la igualdad sea un signo matemático
no me digáis que la palabra sirve para algo.

MANUEL DIEZ DE LOS RIOS

martes, abril 08, 2008

Ya no sé qué hacer conmigo... El cuarteto de Nos

Viendo la tele (especificamente el canal AXN) vi un video de lo más particular... y tenía una de las mejores canciones que he escuchado en este último tiempo... un aire fresco para la música que me hizo rememorar las grandes canciones de Molotov... Aquí dejo la letra de "Ya no sé qué hacer conmigo" de El cuarteto de Nos... Gran grupo...

ya tuve que ir obligado a misa
ya toqué en el piano "Para Elisa"
ya aprendí a falsear mi sonrisa
ya caminé por la cornisa
ya cambié de lugar mi cama
ya hice comedia ya hice drama
fui concreto y me fui por las ramas
ya me hice el bueno y tuve mala fama
ya fui ético y fui errático
ya fui escéptico y fui fanático
ya fui abúlico y fui metódico
ya fui púdico fui caótico
ya leí Arthur Conan Doyle
ya me pasé de nafta a gasoil
ya leí a Breton y a Molière
ya dormí en colchón y en sommier
ya me cambié el pelo de color
ya estuve en contra y estuve a favor
lo que me daba placer ahora me da dolor
ya estuve al otro lado del mostrador
y oigo una voz que dice sin razón
vos siempre cambiando ya no cambias más
y yo estoy cada vez más igual
ya no sé que hacer conmigo
ya me ahogué en un vaso de agua
ya planté café en Nicaragua
ya me fui a probar suerte a USA
ya jugué a la ruleta rusa
ya creí en los marcianos
ya fui ovo-lacto vegetariano, sano
fui quieto y fui gitano
ya estuve tranqui y estuve hasta las manos
hice un curso de mitología pero de mí los dioses se reían
orfebrería la salvé raspando
y ritmología aquí la estoy aplicando
ya probé, ya fumé, ya tomé, ya dejé
ya firmé, ya viajé, ya pegué, ya sufrí, ya eludí
ya huí, ya asumí, ya me fui, ya volví, ya fingí, ya mentí
y entre tantas falsedades
muchas de mis mentiras ya son verdades
hice facil las adversidades
y me compliqué en las nimiedades
y oigo una voz que dice con razón
vos siempre cambiando ya no cambias más
y yo estoy cada vez más igual
ya no sé que hacer conmigo
ya me hice un lifting, me puse un piercing
fui a ver al Dream Team y no hubo feeling
me tatué al Ché en una nalga
arriba de mami para que no se salga
ya me reí y me importó un bledo
de cosas y gente que ahora me dan miedo
ayuné por causas al pedo
ya me empaché con pollo al spiedo
ya fui al psicólogo, fui al teólogo
fui al astrólogo, fui al enólogo
ya fui alcohólico y fui lambeta
ya fui anónimo y ya hice dieta
ya lancé piedras y escupitajos
al lugar donde ahora trabajo
y mi legajo cuenta a destajo
que me porté bien y que armé relajo
y oigo una voz que dice sin razón
vos siempre cambiando ya no cambias más
y yo estoy cada vez más igual
ya no sé que hacer conmigo
y oigo una voz que dice con razón
vos siempre cambiando ya no cambias más
y yo estoy cada vez más igual
ya no sé que hacer conmigo